martes, 27 de mayo de 2008

Sí...¿qué?

En un instante en el que mi mente parecía haber alcanzado el clímax de la inspiración, clické ahí donde ponía "nueva entrada" con la intención de bañar en la experiencia de compartir sabiduría a cualquiera que se aventurara por estos parajes de la red. No obstante, y perdonen que les diga que en mi cabeza sonaba bastante mejor, así que en el momento que me puse a escribir me reí de mí mismo.
¿De verdad no parece gracioso? Algo que durante un momento había captado mi mente como la obra maestra del día, algo que realmente merecía ser escrito y publicado, se esfuma de mi mente, de la mente de un humano. Vaya una blasfemia. Solo falta decir que el sol tampoco está quieto.
Si alguien se acuerda con exactitud de lo que soñó anoche que venga y me lo diga, o de lo que estudió en aquel examen de selectividad para ganarse esa notaza. Nos reímos de la corta memoria de otras especies vecinas que habitan la tierra, y no somos capaces de recordar qué pantalones nos pusimos anteayer, si es que nos pusimos algo, y ese algo fueron pantalones.
Muchas veces nos decimos unos a otros: "no te engañes, esto, lo otro..." por diferentes razones. Bien, supongo que no habrá ningun problema en que yo aconseje a toda la humanidad, incluido yo mismo, ya que sino, perdonen la inmensa redundancia, quizá se me olvide esto para mañana si no me incluyo: "no se engañen, señores, señoras, y demás pringaus... la vida es pura suerte, y me da que, puestos a evaluarla, el simple hecho de nacer la hace ya mala suerte..."
Bien, quizá algo brusco, lo admito, y completamente discutible. Incluso admito (por qué no) que esta última afirmación tenga diferentes variables. Pues se discute. Para eso está la sección de comentarios y el derecho a la libertad de expresión.